CarrerIllas 2017

Siempre he creído que si las cosas se hacen con cariño, acabarán saliendo bien.

Ayer celebramos Carrerillas, y pese a los problemas que se nos fueron presentando, todo salió bien.

Me quedo con varios momentos del fin de semana, que desde luego, lo han vuelto inolvidable…

… La jornada previa marcando, donde pude compartir unas horas de puro marujeo con Nico, que sí, que mucho correr y tal, pero en el fondo tiene alma de vecina cotilla del quinto.

… El momento de ver a un paisano de 1.90m intentar salir de una camiseta de chica, tampoco tuvo precio (no hay foto así que me ahorro nombres 😂).

… Ver a varios amigos y compañeros de curro que se atrevieron a salir a hacer la andarina pese a que estaba cayendo el diluvio.

… Todos los voluntarios que estuvimos por el monte con la cantidad de agua que cayó. Parecía que Irma estaba por el Gorfolí, pero allí aguantamos todos como campeones. (Y eso que yo ya cuelgo los playeros como cierre 😂)

… El momento alcaldesa perpetua. (Si no conoces el vídeo… Pincha aquí).

Vamos que igual no somos los mejores en organización de eventos, pero no será por falta de ganas y ánimos.

Nos vemos en un año en Illas.

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Controles de alcoholemia

Hoy por la tarde iba conduciendo por el centro de Gijón y un conductor en una furgoneta se estaba bebiendo una cerveza mientras conducía. Y sin despeinarse. Nadie le iba a parar obviamente, supongo que la habría escondido si hubiera visto uno coche de la policía cerca.

Me hace gracia que tengo el carné de conducir desde hace casi 12 años (qué mal suena) y nunca he conseguido hacer un test de alcoholemia. Parece que mi cara de buena (muahaha) les convence y eso que tengo un coche de jovenzuela.

Así que la semana pasada cuando por fin me obligaron a hacer un test de alcoholemia me quedé anonadada. Porque salía a entrenar, e iba vestida para ello. Y porque estaba la TPA grabando, claro.

Aquí os dejo mis 30segundos de gloria 😂😂😂

Bye bye jornada de verano

Ya se nota que se acaba el verano. Hay más coches de la que vas a la oficina, es más difícil aparcar, y tristemente se acaba la jornada de verano (¡¡Por quééé!!).

Qué felices hemos sido juntas este no verano astur…no entiendo porque tiene que acabarse así, ¡tan de repente!

Hace mucho que no actualizo, pero la verdad es que ha sido un verano muy tranquilo, y me he dedicado a trabajar, ir de monte y leer. Leer mucho. Sólo de pensar que se me acaban las tardes de lectura (al sol o no) ya me da vagancia.

Me queda el consuelo de que en nada, ya estamos de vacaciones otra vez, ya que en un par de semanas nos vamos a Escocia.

Ahora que entra septiembre intentaré volver a retomar el blog, y escribir más a menudo, pero no prometo nada.

Anillo de Picos

Siempre he pensado que las mejores aventuras empiezan con una idea feliz. Un día fue un ¿por qué no corremos una carrera de 3km? 

Y esta vez, la idea feliz para este verano fue recorrer los 3 macizos de Picos de Europa en cuatro días, cargando con todo lo necesario. Yo que nunca había dormido en un Refugio de montaña, ni había intentado nada por etapas antes, además de que la idea de estar varios días sin ducharme y lavarme el pelo me aterra (llamadme pija si queréis…).

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Empezamos el lunes con un día de perros, todo nublado y lloviendo a ratos. Lo mejor fue la ausencia del calor sofocante, por lo que la tirada de unos 30km se hizo bastante llevadera. El primer tramo era desde Poncebos hasta Vegarredonda, subiendo por Culiembro y pasando por el primer refugio, el de Vega de Ario. Obviamente, y gracias a la niebla, nos perdimos un poco, pero nada dramático.

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El segundo día, salimos de Vegarredonda hasta Collado Jermoso, pasando por Vega Huerta (aunque no pertenece al Anillo oficial), por Vegabaño (que vamos a ver, quién lo metió en el Anillo estando donde Jesucristo perdió una zapatilla, por Dios) y por Posada de Valdeón.

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Las vistas el martes fueron impresionantes, todo el día de sol con las nubes abajo formando el mar de nubes.

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Además, que si no estás acostumbrado a pisar estas zonas, el silencio, y lo increíble del lugar que te rodea, te dejan sin palabras.

Aquí cometimos el craso error de parar a comer un bocata, un helado y una cerveza antes de subir a Collado Jermoso. Amigos míos, no lo hagáis, yo ya tengo claro que en Trasvaldeónica voy a morir, pero con el estómago vacío. Eso sí, las vistas arriba, de quitar el hipo.

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El tercer día, (y tras conseguir darme una ducha y lavarme el pelo, ¡yey!) nos tocaba ir desde Collado Jermoso hasta el Casetón de Andara, pasando por Cabaña Verónica. El problema ese día fueron las ampollas de los pies. El día antes me habían cocido los pies, y me habían salido varias ampollas, así que correr para abajo era un suplicio.

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La primera parte, hasta Cabaña Verónica, fue de nuevo impresionante, parecía que estábamos en otro planeta, y no en pleno Picos.  A partir de aquí solo había que trotar hasta Áliva, pero mis pies solo querían explotar, así que tuve que hacerlo andando. A partir de ahí, subimos el Jierru, y aunque mis pies hacia arriba sufrían mucho menos, el calor de las 3 de la tarde acabó conmigo.

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Subimos hasta prácticamente la cima de la Morra de Lechugales (sí, me quede a unos 4m de la cumbre, pero me parecía imposible subir y no morir en el intento), y de ahí, pese a perdernos un poco (y yo ya verme vivaqueando en cualquier sitio), conseguimos llegar al Casetón (casi se me cae una lagrimilla y todo).

El jueves, para atajar el dolor de pies, me di al Enantium (mano de santo) y pudimos correr hasta Sotres, y de ahí hasta la Terenosa por el camino de Traveserina.

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De ahí hasta el Refugio del Urriellu, subimos como tiros, y tras una breve parada, nos dirigimos a Cabrones, y conocí la Brecha del Cazador (cada vez trepo mejor, jajajaj).

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También pude acercarme mínimamente, al otro objetivo que tengo para este verano, mi colega el Torrecerredo, y casi que se me han quitado las ganas, por ahora.

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 Al final conseguimos los 9 sellos, y llegar a casa, que todavía hoy me parece increíble. Si al final hasta ¡nos persiguieron una cabra y un cabrón! 

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 Bien está lo que bien acaba, así que me doy por más que satisfecha. 😊 

Lecturas veraniegas: Te estoy viendo

No se si ya tienes claras tus lecturas veraniegas, pero si buscas alguna novela policíaca, entretenida y que te haga devorarla en 3 días de sol en la playa, aquí la tienes “Te estoy viendo” de Clara Macintosh. 


Es de la misma escritora que “Te dejé ir” que bueno, hasta más o menos la mitad no me enganchó, aunque fue entretenida al final. 

Pero esta atrapa desde el principio. No es un gran libro, ni una gran novela, pero engancha, no puedes dejar de leer (rollo Dan Brawn, que vale, no son las mejores, pero anda que no te las ventilas en un par de días) y por supuesto tus conjeturas sobre quién es quién… se van a ir al traste. Yo me lo he zampado en 3 días de playa que ha hecho seguidos en Asturias.

Voy a copiar el resumen de la portada, que ante todo no quiero hacer spoilers y estropearos el final.

Como cada día, Zoe regresa de trabajar en el metro de Londres. Sin embargo, al abrir el periódico encontrará algo que perturbará su apacible vida. Un anuncio de la sección de clasificados lleva su foto. No hay explicación alguna: solamente la imagen granulada de Zoe, la dirección de una página web y un número de teléfono. Su familia está convencida de que el misterio no es tal, sino solamente un caso de extraordinario parecido físico. Pero, día tras día, en el anuncio aparece la foto de una mujer distinta… y su presencia en los clasificados parece ser el presagio de un mal que les ha de acontecer.

Zoe siente que alguien la observa, que alguien estudia cada uno de sus movimientos, y no cesará hasta descubrir quién se esconde tras las sombras…”

San Isidro

Un finde tan entretenido en San Isidro, bien merece un post. 

Aprovechando que el Grupo de Montaña Ensidesa de Avilés tiene un albergue allí, y te permiten reservarlo aunque no haya nadie, nos fuimos a pasar el fin de semana de convivencia (con la competencia, que son los del Ensidesa de Gijón). 

No solo el albergue está más que bien para pasar unos días, sino que encima tiene su propio fantasma (alcohólico) incorporado, ¿qué más se puede pedir? Hay castillos por UK donde te cobran una pasta por algo así, y aquí viene incluído en el precio (irrisorio) de la noche. Un lujazo.

Encima, hacía un año y pico que no iba por San Isidro, y la última vez que estuve allí había una nevada impresionante, así que ver la zona sin una gota de nieve, es cuando menos llamativo. 

Llegamos el sábado e hicimos la ruta del Circo de Cebolledo, empezando por el Lago Ausente (que como yo, pensarás que se llama ausente porque desaparece en verano… ¡pero no! ¡Desaparece en invierno!).
A partir de ahí son unos cuantos picos seguidos, para acabar en el Toneo, pero la niebla hizo que nos saltaramos este último porque no se veía nada de nada. 


La tarde, ya con la niebla encima nos la pasamos comiendo, bebiendo, jugando a juegos de mesa y paseando un poco (para hacer más hueco a la merienda y a la cena).


El domingo aprovechando el solazo con el que nos despertamos, subimos al Pico Torres, (“a pincho”, cómo no).


Y también nos acercamos al Ventanón, a posturear, claro. 

La liada para bajar de ahí, fue de esas de libro. Como resumen, sería algo así como cuatro mastines hambrientos, un único camino, así que habrá que bajar bosque a través. Ni siquiera pisábamos el suelo, me recuerda a cuando Pipi Calzaslargas caminaba por su casa sin tocar nunca el piso… lo mismo pero en pleno monte, vamos. Por supuesto al llegar abajo vimos el amplio sendero que no habíamos utilizado. A veces sospechas que los del otro equipo quieren acabar contigo 😛

Escalada como espejo del alma

Después de más de un mes de clases de escalada puedo afirmar con rotundidad que se me da de pena. 

Dice el monitor que escalar es como mirarse a un espejo, y que tu personalidad se refleja en cuanto empiezas. Así que mi habitual estrés y nerviosismo, tenía que aparecer. 


Por supuesto tener algo de vértigo, y mucha imaginación, no ayuda, ya que te imaginas las muchas formas en las que te vas a estampar contra el suelo. Además según vas subiendo, más aplastada te ves contra la goma (y sigo siendo demasiado joven para morir), lo que hace que empieces a sudar mucho más, las manos resbalan, brazos y piernas tiemblan… un revuelto de Ana en el suelo, y adiós mundo cruel. 


Aún así, me niego a abandonar, sigo creyendo que con ayuda de mis amigos, y bastante entreno conseguiré mejorar lo suficiente para subir al Urriellu, y estoy convencida. (Otra cosa será que al llegar arriba me tenga que bajar el helicóptero).


En cualquier caso, me siento como con 18 años (que pocos más tengo) cuando intentaba sacar el carné de conducir, y me parecía la cosa más difícil del mundo, de nuevo muchos nervios y no podía evitar pensar que los canis de este país sacaban el carné con la gorra y yo ahí atascada. Al final resultó que con la práctica, todo acaba resultando mucho más sencill, así que ¡de aquí al Everest! (Que además es el nombre de una vía de escalada).