San Isidro

Un finde tan entretenido en San Isidro, bien merece un post. 

Aprovechando que el Grupo de Montaña Ensidesa de Avilés tiene un albergue allí, y te permiten reservarlo aunque no haya nadie, nos fuimos a pasar el fin de semana de convivencia (con la competencia, que son los del Ensidesa de Gijón). 

No solo el albergue está más que bien para pasar unos días, sino que encima tiene su propio fantasma (alcohólico) incorporado, ¿qué más se puede pedir? Hay castillos por UK donde te cobran una pasta por algo así, y aquí viene incluído en el precio (irrisorio) de la noche. Un lujazo.

Encima, hacía un año y pico que no iba por San Isidro, y la última vez que estuve allí había una nevada impresionante, así que ver la zona sin una gota de nieve, es cuando menos llamativo. 

Llegamos el sábado e hicimos la ruta del Circo de Cebolledo, empezando por el Lago Ausente (que como yo, pensarás que se llama ausente porque desaparece en verano… ¡pero no! ¡Desaparece en invierno!).
A partir de ahí son unos cuantos picos seguidos, para acabar en el Toneo, pero la niebla hizo que nos saltaramos este último porque no se veía nada de nada. 


La tarde, ya con la niebla encima nos la pasamos comiendo, bebiendo, jugando a juegos de mesa y paseando un poco (para hacer más hueco a la merienda y a la cena).


El domingo aprovechando el solazo con el que nos despertamos, subimos al Pico Torres, (“a pincho”, cómo no).


Y también nos acercamos al Ventanón, a posturear, claro. 

La liada para bajar de ahí, fue de esas de libro. Como resumen, sería algo así como cuatro mastines hambrientos, un único camino, así que habrá que bajar bosque a través. Ni siquiera pisábamos el suelo, me recuerda a cuando Pipi Calzaslargas caminaba por su casa sin tocar nunca el piso… lo mismo pero en pleno monte, vamos. Por supuesto al llegar abajo vimos el amplio sendero que no habíamos utilizado. A veces sospechas que los del otro equipo quieren acabar contigo 😛

Escalada como espejo del alma

Después de más de un mes de clases de escalada puedo afirmar con rotundidad que se me da de pena. 

Dice el monitor que escalar es como mirarse a un espejo, y que tu personalidad se refleja en cuanto empiezas. Así que mi habitual estrés y nerviosismo, tenía que aparecer. 


Por supuesto tener algo de vértigo, y mucha imaginación, no ayuda, ya que te imaginas las muchas formas en las que te vas a estampar contra el suelo. Además según vas subiendo, más aplastada te ves contra la goma (y sigo siendo demasiado joven para morir), lo que hace que empieces a sudar mucho más, las manos resbalan, brazos y piernas tiemblan… un revuelto de Ana en el suelo, y adiós mundo cruel. 


Aún así, me niego a abandonar, sigo creyendo que con ayuda de mis amigos, y bastante entreno conseguiré mejorar lo suficiente para subir al Urriellu, y estoy convencida. (Otra cosa será que al llegar arriba me tenga que bajar el helicóptero).


En cualquier caso, me siento como con 18 años (que pocos más tengo) cuando intentaba sacar el carné de conducir, y me parecía la cosa más difícil del mundo, de nuevo muchos nervios y no podía evitar pensar que los canis de este país sacaban el carné con la gorra y yo ahí atascada. Al final resultó que con la práctica, todo acaba resultando mucho más sencill, así que ¡de aquí al Everest! (Que además es el nombre de una vía de escalada).

Traveserina 2.0 Kaputt

Tengo la impresión de que quedo yo por resumir mi (desastroso) paso por Traveserina este año.

Si hace un mes terminaba Alto Aller feliz y contenta, el domingo casi me muero. ¿Qué cambio? Supongo que el calor entre otros factores. Pero también que no era mi día. 

El caso es que llegué al pedrero para subir hasta el Refugio de Urriellu con las pulsaciones, algo así, como si fueras en un avión, y te tocara de acompañante Miguel Ángel Silvestre, que además te cuenta que está de bajón y buscando una mujer que le anime… y claro, las pulsaciones no bajaban, y no es lo mismo volar con MAS que estar en el Urriellu pensando que de ahí, te sacan en helicóptero (o en burro, y adiós glam). 

Así que, como de momento, no contemplo un paseo en helicóptero del GREIM, si no es en plenas facultades, decidí bajar andando (correr no era una opción en aquel momento) y retirarme, antes de liarla parda. 

Ciertamente esto hace un año me habría dejado tocada, porque era mi objetivo deportivo del año, pero éste, ya no sentí esa presión de acabar o (casi) morir en el intento. Así que me lo tomo como una experiencia más, y me quedo con el gran fin de semana que hemos pasado por Picos, volviendo a ver a gente que hacía tiempo que no veías, y disfrutando del equipo y de los resultados de los compañeros.

Y qué mejor foto para ilustrar el fin de semana… 😊

Notas mentales: hombres con falda sí, y mil veces sí.

Y te preguntarás que a qué viene esta ida de pinza. 

Ayer fuimos al concierto de Ricky Martin, y claro en algún momento, aparece en el escenario de esta guisa. 

Y piensas, “¿qué coj****?”Hasta que te das cuenta, que sigue estando tremendo y que hasta la queda bien, y con esos movimientos de cadera, pues bienvenida sea la faldita. 

(Perdón por la calidad del video pero no se puede estar a todo)


De todas formas, él no ha sido el primero, de eso estoy segura. En mi viaje de estudios del instituto fuimos en autobús hasta Italia, que de aquella los vuelos baratos no existían. Para meternos un poco en el tema, imagino, nos pusieron Gladiator, y quién puede olvidar a Russel Crowe, cuando era joven y lozano, diciendo aquello de “Me llamo Máximo Décimo Meridio…” con falda, por supuesto.